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0 ¿Quién teme a los procesos colectivos? Apuntes críticos de la violencia de género





"El título de este artículo ha quedado sesgado en la cabecera por problemas de espacio. Título original:¿Quién teme a los procesos colectivos?: Apuntes críticos sobre la gestión de la violencia de género en los movimientos sociales"

El discurso contra la violencia hacia las mujeres forma parte implícita y también explícitamente del discurso político general. La violencia machista es rechazada por el conjunto de la sociedad y todo el mundo parece reconocer que es un problema político de primer orden. Por supuesto, también los movimientos sociales recogen estos planteamientos y muestran abiertamente su propio discurso antisexista. Hasta aquí perfecto.

Te preguntaras por qué este texto… Nosotras nos preguntamos por qué hay tantas agresiones dentro de los movimientos sociales y por qué tanta incapacidad para gestionarlas colectivamente. Nos preocupa el nivel de tolerancia que hay en los espacios políticos ante las agresiones y la naturalización/normalización de ciertas formas de violencia. Nos inquieta la incongruencia entre discurso y práctica y la falta absoluta de sensibilidad al respecto; lo que demuestra que es un tema de cuarta, si es que llega a considerarse como tema. Nos enfurece que dentro de los movimientos sociales actuemos como si nos hubiésemos creído lo de que las cuestiones que plantea el feminismo ya fueron asumidas por tod*s y por tanto, ya están superadas y son repetitivas e innecesarias. Y ello a pesar de que reivindicaciones básicas de hace más de un cuarto de siglo siguen aún en el tintero, y cuando las mujeres de todo el mundo sufrimos distintos tipos de discriminación que coartan la libertad de expresión, de pensamiento, la libertad sexual y de movimiento. No solo eso, hay un retroceso en las prácticas colectivas y en el discurso respecto a un pasado no tan lejano en Barcelona, hecho sintomático de que apenas quedan grupos feministas, lo que demuestra que, una vez más, eran solo las mujeres las que se ocupaban de la violencia. Este retroceso en las prácticas colectiva no es un problema de los 4 babosos de turno, hablamos de un problema estructural y de una cuestión de responsabilidad colectiva.

Sin embargo, existe una gran dificultad para identificar las múltiples caras de la violencia contra las mujeres, así como para detectar los casos que pueden ser incluidos bajo ese nombre; este es un magnífico mecanismo para nadar y guardar la ropa, del tipo “la violencia está muy mal, pero esto

justamente no es violencia”. La violencia estructural contra las mujeres no es un concepto abstracto propio de los libros, ni una cosa de la vida de los otros, ajeno a nuestro micromundo en los movimientos sociales. La violencia estructural no son los cuatro abusos concretos en boca de todo el mundo, ni la suma infinita de agresiones que cada una puede constatar haber sufrido. Tampoco son aquellas acciones perpetradas por monstruos que vejan y apuñalan. El iceberg no sólo es punta.


Estamos hablando de pautas generalizadas de dominación que atraviesan la experiencia de ser mujer y todas las esferas de la cotidianidad: las relaciones personales, la percepción y el uso del espacio público, el trabajo, la autoridad reconocida, la percepción de los propios derechos o la ausencia de ellos, la relación con el propio cuerpo y la sexualidad, y así un largo etcétera. La violencia estructural es un mecanismo de control sobre las mujeres, pero no solo como forma extrema, amenaza de castigo omnipresente que necesita ser provocada o desencadenada, sino que es una forma de relación normalizada y naturalizada y que por lo tanto puede ser ejercida sin necesidad de justificación.

Pero no estamos haciendo una disertación teórica, hablemos de casos concretos. En el último año han habido numerosas agresiones físicas y sexuales hacia mujeres dentro de los movimientos sociales, y una reciente la ha sufrido una mujer de nuestro colectivo: una violación en su propia casa dentro del contexto político de Barcelona, por un habitante de la misma, que es uno entre tantos. Dicho sujeto se pasea tranquilo durante semanas, ajeno a cualquier movimiento que se pudiera estar cociendo por parte de ella, pues –angelito- ni siquiera era consciente de haber hecho nada malo… Pero se equivocaba. Ella quiso hacerlo público y plantearlo en un gran colectivo, con él presente, proponiendo su marcha inmediata. No solo porque lo ocurrido es una agresión hacia ella, sino porque es una cuestión política y colectiva de primer orden. Y este colectivo toma la decisión de que dicho sujeto ha de irse de la casa por una cuestión colectiva y política. Nosotras valoramos positivamente una cosa, y es que hace mucho, mucho tiempo que no veíamos reaccionar así a una mujer, ni a un colectivo, teniendo en cuenta las dificultades que encontramos para gestionar grupalmente estas situaciones. En un inicio, nos sentimos muy satisfechas de que esta agresión no hubiera sido silenciada como tantas otras y obtuviera una respuesta. En este sentido, este caso es una excepción. Sin embargo, a partir de aquí sucedieron muchas cosas, cambios de discurso, de posiciones y decisiones. Con el paso del tiempo, lo que en un inicio fue considerado político terminó relegado al terreno de los conflictos personales. Siete meses después, se tomó la decisión de que el sujeto regresara a los espacios públicos de la casa. Más allá de esta cuestionable decisión, lo que nos parece grave es el proceso por el cual se llega a este resultado, en definitiva semejante a tantos otros.

Que los grupos (aunque una minoría) traten de buscar una respuesta ante los casos de violencia que se producen en su seno supone un paso hacia delante en la reflexión, la gestión colectiva y la erradicación de la violencia. Pero notamos que en líneas generales, y a causa de la falta de profundidad y sensibilidad a la que nos referíamos, las respuestas que suelen darse desde

colectivos mixtos a nuestro entender son de mínimos, y a menudos sufren de algunos problemas de base que desvirtúan el proceso. Hablaremos aquí de tres de ellos que nos parecen particularmente graves:


· El primero, más recurrente y más influenciado por el trato mainstream de la materia, es el darle a los casos de violencia contra las mujeres un trato de problema privado y personal, a ser resuelto entre dos. Cuando lo que es denunciado como agresión se afronta como una cuestión personal donde intervienen emociones, o se lee como un asunto turbio donde no hay una verdad, sino dos experiencias muy distintas de una misma situación confusa, etc., entonces, perdemos la posibilidad de hacer política, que es al fin de lo que se trata cuando hablamos de violencia machista.

Hay incluso formas de trasladar el asunto a un plano personal dentro de una gestión colectiva. Por ejemplo, cuando se plantea cualquier trabajo del colectivo como hecho por y para la “víctima”, en vez de una tarea que el colectivo necesita para sí; cuando la intervención del grupo se plantea

como una forma de mediación entre las “partes afectadas”; o cuando se define el problema como un asunto particular del colectivo a ser resuelto de puertas adentro, o lo que es lo mismo, la versión numerosa de los trapos sucios se lavan en casa. Es decir, colectivizar no es condición suficiente para hacer política.


Cuando tomamos decisiones o posicionamientos políticos, siempre está la posibilidad de recibir críticas y entrar en discusiones. De hecho son muchos los debates que siguen abiertos dentro de los movimientos sociales en Barcelona. Pero resulta que ante las situaciones de gestión colectiva de violencia contra mujeres, se levantan murallas contra las opiniones, críticas y planteamientos externos; se intenta mantener a toda costa fuera del debate colectivo. ¿Qué es lo que sucede? ¿Por qué tanto miedo al debate? ¿No será fobia enfermiza a las feministas? ¿O es que ni siquiera le estamos dando la categoría de asunto político?

· El segundo problema de la gestión de los colectivos no feministas de casos de violencia contra las mujeres consiste en trabajar a partir del engañoso esquema víctima-agresor, propio de la crónica de sucesos. De acuerdo con éste, hay un agresor, que es el hombre malo, el monstruo, la excepción; y una víctima, la que necesita auxilio. Cuando el que tiene que ocupar el primer papel es un colega o compañero, tenemos muchos problemas para “colgarle la etiqueta”, y miedo a “demonizarlo”, porque además este esquema se plantea como un juicio integral sobre la persona. Pero, llamemos a las cosas por su nombre: agresión es lo que describe el hecho, agresor es el que la comete. Hacer esto no debería ser un obstáculo insalvable ni tampoco una opción reduccionista que niegue otras facetas que pueda tener una persona. Por eso, es mucho peor andarnos con eufemismos y relativismos.

Por el miedo a llamar a las cosas por su nombre pretendemos encontrar “otras explicaciones” o incluso justificaciones, del tipo “estaba borracho/drogado”, “ella se estaba insinuando, o se lo estaba buscando”, y también a cuestionar el grado de responsabilidad del agresor sobre sus actos, y así un largo etcétera. Como consecuencia de la inoperancia del esquema, solemos perdernos en juicios pormenorizados de los sucesos, como si ahí residiera la solución. Se traslada la discusión a factores externos o a detalles morbosos de los hechos en vez de abordarlo desde la comprensión de lo estructural de la violencia contra las mujeres y la necesidad de conservar una tensión y

atención constantes para no reproducirla. Si no, ¿por qué cuando el caso concreto nos toca de cerca, los principios que en otras circunstancias serían incuestionables se desvanecen?

El segundo papel dentro de este esquema se le atribuye a la mujer agredida, con lo que se la sitúa en una posición de incapacidad: todo lo que diga o haga la “víctima” será leído en clave de reacción emocional, nerviosismo, impulsividad e indefensión. Las actitudes paternalistas y proteccionistas hacia la que ocupa el rol de víctima obstaculizan su participación en plano de igualdad en el proceso colectivo.

Entonces, reconocer la estructuralidad de la violencia machista es crear las condiciones necesarias para evitarla, y en último lugar responsabilizarnos cuando sucede en nuestro entorno. Pero a menudo esto no se da porque asumir esa responsabilidad es abrirle la puerta a la posibilidad de reconocernos en los zapatos del agresor, lo que da pie a lamentables estrategias de corporativismo masculino, en el que los compañeros guardan silencio por miedo a que sus cabezas rueden junto a la del que está siendo señalado abiertamente en ese momento.

· Por último, en la práctica de la gestión colectiva de agresiones contra mujeres encontramos una jerarquización de intereses tácita, y en consecuencia una subordinación de todo lo referente a nosotras. Cuando lo que se prioriza por encima de todo es el consenso, en un grupo donde más de la mitad no tienen siquiera una reflexión propia previa y cuyo discurso pasa por simplificaciones precocinadas propias de cualquier telediario, y además estas opiniones se ponen a la misma altura que discursos fundamentados y sensibilidades desarrolladas a partir de un trabajo previo, entonces, nos dejamos arrastrar por la tiranía de lo mediocre, que conseguirá desvirtuar los argumentos y rebajar el discurso a un nivel de mínimos. Encadenar palabras grandilocuentes no significa articular un pensamiento elaborado.
El consenso aquí expuesto cumple dos funciones: mantener cierta cohesión en el grupo y dar una ilusión de legitimidad a las decisiones. Ante el riesgo de conflicto se agudizan los roles de género preestablecidos, que para las mujeres significa cumplir el papel de mediar, pacificar, comprender.

Paradójicamente nos encontramos con que otras mujeres actúan priorizando la unidad del colectivo y el consenso mediocre, como si la agresión a una de nosotras no fuera en realidad problema de todas. Esto es a su vez pone de manifiesto lo arraigadas que están las formas heteronormativas en nuestro hacer: la definición de lo que es público y político se hace de acuerdo con los cánones del universal masculino, y así las mujeres asumimos discursos construidos en esa clave y puestos en el centro bajo esa lógica y dejamos de politizar cuestiones que nos afectan por no aburrir o dar la nota, perpetuando la necesidad de aprobación de la mirada masculina y las formas de relación entre sexos. Otra vez nos vendieron la moto y nos dedicamos a cooperar para que nada cambie.


Como vienen diciendo las feministas desde hace décadas, es necesario hacer políticas las cuestiones que nos afectan a las mujeres, y no solo de palabra ni como coletilla. Si apostamos por los colectivos mixtos, coloquemos dichas cuestiones en el centro dándoles la importancia que tienen.

Siguiendo con lo anterior, los colectivos que asumen gestionar una situación de violencia de género han de hacer público su posicionamiento y permitir el debate para que sirva de precedente y que así se produzca una acumulación de experiencias (no partir siempre de cero). De lo contrario, estamos privatizando, restando trascendencia y practicando seudo política de auto consumo.


En definitiva, ¿qué vamos a hacer al respecto de todo lo expuesto? Lo peor del sexismo se reproduce en los movimientos sociales, pero no estamos asumiendo las responsabilidades colectivas para hacer una gestión adecuada de la violencia de género. Es evidente, pues, la necesidad de colectivos feministas así como de recoger el trabajo y las aportaciones que estos grupos vienen haciendo.

LasAfines
Aportaciones y comentarios a: lasafines@hotmail.com
Texto publicado en el blog mambo.pimienta.org

0 La perspectiva libertaria de Genero


El sistema donde estamos inmers@s impone matrices diferenciadores para hombres y mujeres, estos comportamientos se encuentran socioculturalmente instituidos, sin derecho a cuestionamiento, sin derecho a ser tergiversados sin que la discriminación y la marginación se levanten para tratar de encapsularlos.
Se nos impone una manera de comportarnos, de pensar, en el caso de las mujeres de sentir pasivo ,identificándonos por todos los medios como el sexo débil ,caracterizado por la dulzura ,la ternura, la desmesura hormonal, el ser “súper madres” llenas de caridad impulsadas de manera intrínseco a proyectar y ejercer sin cuestionamiento aquel rol. Mientras que la Violencia, la agresividad, la lógica , la razón y el militarismo quedan confinadas para aquellos en el ejercicio de su masculinidad.
Ahora bien, lo anterior trae consigo el enaltecimiento del “carácter natural” de la subordinación de las mujeres, ya que necesariamente tendrían que depender de un soporte, personificado por un padre o por un esposo .Así, el implícito patriarcado se mantiene intacto, como una permanente sombra cuyo peso impide el desarrollo libre de nuestras opciones de vida, conlleva una omnipotente identidad de género de carácter estático, que impide a mujeres y hombres ver más allá, dificultando la construcción de identidad de clase, ya que el peso histórico esta identidad de género trae consigo que la hombría y la femeneidad sientan la convicción de construirse en base a falsos modelos, el primero enlazado al poder y el segundo al sometimiento, lo que mas que complemento pasa a ser el continuismo de una sociedad abatida y teñida por la dominación de los mas ricos por sobre nosotr@s, pueblo. Es decir la diferencia de poder y la explotación vivida por el trabajador en manos del patrón se traspasa, en la mayoría de los hogares, en la opresión del hombre sobre su mujer en el espacio privado.

El cuestionamiento es porqué y para qué tanta injusta dominación……. El ruin capitalismo se nutre de la diferencia y para mantener la lógica de las desigualdades que produce, reproduce la dominación económica y la opresión social y cultural dentro de los socios del género. La sumisión de la mujer permite menos rebeldía que contener, su pasividad la mantiene alejada de la violencia y la agresividad del sentir indignación y poder canalizarla a través de la lucha cotidiana. La expresión de las migajas de poder derramadas sobre las mujeres hacen que su organización se haga cada vez mas difícil, ya que los valores mercantilistas se proyectan en que las mujeres compitan entre si para poder recoger aquellas sobras, muchas veces escuchamos aquello de la envidia de las mujeres hacia otras mujeres o el pelambre mal intencionado, estamos atomizadas de manera incógnita la violencia opresora y patriarcal se hace presente hasta en los mas mínimos detalles que inundan sus vidas desde el control de su cuerpo hasta las actividades publicas a desarrollar, es así como las políticas continuistas de tanto despojo ejercidas por la concertación tratan de encapsular la realidad, poniendo un manto de vergüenza y abuso sobre ella, mantienendo la entrega de un menor salario para aquellas que con esfuerzo salen al espacio público buscando mayor dignidad para encontrarse directamente con el trabajo precario, la flexibilidad laboral ,acoso sexual .
Por lo demás, la discriminación va acompañada de una relación de objeto (la cosificación del sexo opuesto), muy propia de una sociedad donde los hombres y mujeres son mercancía y más aún las mujeres quedan rezagadas a vivir en mayor porcentaje las miserias del capitalismo. (feminización de la pobreza) .Es precisamente ese trato una de las más poderosas armas para mantener a las mujeres en la sumisión: así se les mantiene la autoestima baja, se las tiene a raya .

Las mujeres son herramienta eficaz para el sistema, mano de obra barata y dueñas de casa realizando trabajo no remunerado útil para que la fuerza de trabajo masculina se mantenga a flote (manteniendo el precario bienestar al que puede aspirar el trabajador asalariado)…. Y quien se atreva a desafiar será culpabilizada y estigmatizada por retar al designio histórico de la abnegación por el hogar y los hijos.

El pensamiento dominante frente a estas condiciones objetivas incide en que tanto hombres como mujeres acepten la desvalorización de estas ultimas adoptando el punto de vista de la cultura. La tarea como libertarias y libertarios es siempre la denuncia, el desarrollo de las construcciones sociopolíticas basadas en la autodeterminación y el empoderamiento del ser hombre o mujer de manera complementaria con la conciencia clara y la firme convicción de que no se alcanzará la igualdad hombre-mujer mientras permanezcan las instituciones que fomentan la estructura de dominación y explotación que ha permitido descaradamente que los patrones culturales se perpetúen y sean reconocidos de manera natural, ya que tenemos un doble trabajo enfrentar , combatir y contribuir a la superación dialéctica del sistema de dominación capitalista y el sistema de dominación patriarcal, por consiguiente la lucha de clases y la implícita lucha de sexos.

Habitualmente se relaciona la perspectiva de género con reivindicaciones para las mujeres y desde las mujeres dejando intacta la construcción ideológica y el lenguaje hegemónico que impone un patrón diferenciador para el ser hombre y las metas por cumplir que trae consigo aquella tarea instrumental del ser proveedor, es nuestra tarea trabajar y desenmascarar ambos estereotipos serviles que desembocan en el separativismo y en no sentir pertenencia a la misma franja de luchadores.

La opresión a la mujer: a la trabajadora ,a la madre, pobladora, estudiante es una opresión estructural, luchar contra ella debe formar parte de nuestro accionar despertar y generar conciencia formándonos y actuando en base a la deconstrucción de la cultura marginadora y sexista donde nos encontramos, trabajando en base al empoderamiento tanto de compañeros como compañeras, que sean hábiles por esencia y esfuerzo, en el cumplimiento efectivo de las tareas de la construcción de una sociedad comunista. Por lo mismo se hace urgente trabajar espacios desde la perspectiva de género, que puedan trascender a los espacios sociales y dar la lucha ideológica, que logren analizar y brindar una relectura a nuestra realidad, que derriben los mitos, donde se comparta real contenido y se logren expresar sentimientos acerca de la comprensión de nuestra sexualidad y se desarrolle la crítica, la indignación y la lucha en contra de la encapsulación y determinación de vivir en base a lo esperado culturalmente .


TERRITORIO MAPUCHE HULLICHE Xa REGION DE LOS LAGOS PROVINCIA DE LLANQUIHUE - $HILE http://okupalibertad.blogspot.com/ http://www.leftraru.tk/ LIBERTAD A TOD@S L@S PRES@S POLITICOS!!! WALLMAPU LIBRE...!!

0 Violencia sexual a las mujeres, una mirada desde el anarcofeminismo

El Estado, el Patriarcado y el Capitalismo

El sexismo es una postura que analiza a los sujetos según su sexo biológico, correspondiendole a cada uno sus roles y funciones especíicos. De esta manera, se nos atribuye a cada uno de nosotros y cada una de nosotras (según nuestro sexo) hábitos, valores, vocaciones, sensaciones, sentimientos, deseos, etc., anulando nuestra singularidad y negándonos la posibilidad de elegirnos sin condiciones.

El sistema capitalista y patriarcal nos niega la posibilidad de ser los escultores de nuestra individualidad. Aún más problemático es que dentro de este sistema de clasificación, queda asentada la idea de que a la mujer le corresponde un lugar de subordinación respecto al hombre. Así, la mirada masculina es tomada como patrón y medida de la concepción de la realidad, descartando la mirada “inmadura” de la mujer que, a su entender, adolece de sentimentalismo e irracionalidad.

El patriarcado, como sistema de instituciones que promueve y practica la violencia del hombre sobre la mujer, legitima los infinitos casos de violencia sexual. Estos, a nuestro entender, van desde aquellos que limitan la concepción de ‘mujer’ a un mero objeto sexual, abastecedor de las necesidades sexuales de los hombres y sin necesidades propias (que según el sexismo es consecuente con su “naturaleza”), hasta aquellas concepciones que hacen a la mujer un legítimo blanco de golpizas o cualquier otro tipo de violencia física, llevándolas frecuentemente a la muerte.

La ley ampara estos hechos, siendo parte de las instituciones encargadas de conservar la desigualdad entre el hombre y la mujer. Esto ocurre, entre otras cosas, porque esta situación en la que nos encontramos las mujeres es funcional, en muchos aspectos, a las necesidades del Capital para desarrollarse. Así, por ejemplo, la mujer convertida en objeto sexual se mercantiliza y pasa a saciar los grandes mercados del “consumo” sexual, en mayor medida abastecidos por medio de las redes de trata.

Podemos ver a continuación las declaraciones de hombres que son la ‘máxima encarnación de la ley’ frente a temas tan graves como la trata: ante una multitudinaria movilización exigiendo la desmantelación de las redes de trata en la provincia de Córdoba [Argentina], el jefe de la policía de la provincia, Alejo Paredes airmó “Hay casos que no son reales (...) No estoy diciendo que todos los casos no sean reales, pero sí hay una composición que por allí genera en nuestra sociedad una inquietud de las mujeres que tenemos que tratar de bajar”[1]. Nos tratan de mentirosas y nos sugieren que nos callemos.

Otra demostración de la complicidad de la ley son los casos en que los culpables son absueltos o condenados a penas irrisorias como el reciente caso de Adriana Zambrano de 28 años, asesinada a golpes de puño y puntapiés por su ex pareja. Casualmente el asesino, Alejandro Zerda, fue condenado a cinco años de prisión [2]. Otro caso es el de Daniela Araujo, de apenas 16 años de edad, asesinada a golpes, puñaladas y quemaduras aparentemente ocasionadas por una picana eléctrica. Se desconoce el asesino [3].

Podemos mencionar un centenar de casos más. La casa del encuentro [4] hizo un informe en el 2008 de muertes de mujeres por violencia sexual publicadas en medios de difusión de alcance nacional [en Argentina], en donde se calcularon 207 muertes por violencia sexual en las que, en su mayoría, los responsables fueron puestos en libertad [5]. Esto demuestra el marco de impunidad que el Estado y la Ley conceden a la violencia sexual para que actúe con libertad y se propague. Es por esto mismo que creemos que la lucha no está en el seno del Estado, cuya función naturalmente es reproducir las condiciones de explotación existentes y de acentuar gradualmente la opresión del hombre sobre la mujer, sino en la autoorganización de las mujeres.

Sin embargo, aunque esta violencia sea transversal, es decir que atraviese a las mujeres sin importar su clase social, el peso más grande recae sobre las mujeres de las clases oprimidas, viéndose frecuentemente arrastradas a ejercer la prostitución como medio de subsistencia o a realizarse abortos clandestinos que ponen en peligro su vida. Según cifras oficiales en el 2007 fallecieron 74 mujeres por abortos clandestinos [6], mujeres que no tenían el acceso a las condiciones sanitarias adecuadas para realizarse uno. La principal causa de muerte materna en el país son las complicaciones después de una práctica abortiva clandestina [7]. Así, mientras la Iglesia se posiciona fervientemente contra el aborto y la educación sexual en los colegios y llama a no utilizar anticonceptivos (con argumentos por demás sofistas), miles de vidas se pierden por negarnos nuestro derecho a elegir.

La mujer obrera se ve doblemente oprimida, por un lado por la explotación capitalista (y que en su calidad de mujer se le imponen niveles mayores de explotación), y al mismo tiempo por la opresión patriarcal. De estas premisas derivamos la convicción de que no podemos concebir un feminismo disociado de la lucha de clases, es decir que, hasta no barrer con el Estado que está al servicio de la opresión de género y del capital, la emancipación de las mujeres va a ser una icción y no una realidad.

Lo personal es político: la necesidad de la organización de las mujeres

Frecuentemente se intenta minimizar los casos de violencia sexual ubicándolos dentro de la esfera de lo privado, reduciéndolo a relaciones entre individuos (crímenes pasionales, por ejemplo) en los que no tenemos que intervenir. Intercambiando nuestras experiencias nos damos cuenta de que es una realidad que nos afecta a todas por igual y que hay un patrón inducido por el sistema que determina nuestra conducta, a pesar que se presenten particularidades en cada caso.

A partir de ahí se nos presenta la necesidad de organizarnos en tanto que mujeres, llevando adelante un feminismo revolucionario practicado sobre la base de la horizontalidad y acción directa, trazando como objetivo político, el comunismo libertario. Pero a su vez la liberación de las mujeres es una condición sine qua non para la revolución social. De esta premisa se hace necesaria una organización de las mujeres para que rompamos por nosotras mismas las cadenas de la explotación y la esclavitud y seamos una parte activa en el proceso revolucionario acabando con el paradigma que hace de nosotros sujetos “pasivos y emocionales”.


Notas

[1] Indymedia Argentina. “Las queremos con vida, crónica de la Marcha Basta de Trata y sus repercusiones”. 12.05.09. http://argentina.indymedia. org/

[2] Agencia Walsh. “El femicidio de Adriana Zambrano”. 18.05.09. http://www.agenciawalsh.org[3] La Casa del encuentro. “Femicidos en Argentina: 1 de enero a 31 de diciembre del 2008” [ http://www.lahaine.org/index.php?p=39261 ]

[4] Asociación Civil feminista, dedicada especialmente al tema de la violencia y el abuso hacia las mujeres y niñas.

[5] Ídem.

[6] Página /12. “La atención imprescindible” L. Peker. 22.05.09. http://www.pagina12.com.ar

[7] Crítica Digital. “Cuando nadie llama a la cigüeña”. N. L. Calisti. 31.05.09. http://criticadigital.com

PRENSA DE RED LIBERTARIA • Año III • Nº 18 • Julio-Agosto 2009 • $2
www.redlibertaria.com.ar


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0 Anarcofeminismo

En muchas ocasiones se comete el error de pensar la lucha feminista como una sola y única. La creencia de que todas las que nos podemos considerar feministas luchamos por lo mismo y de la misma manera está muy extendida, lo cual es un error, puesto que el feminismo no es una teoría completa, si no transversal y siempre ha de ir acompañada de un, llamémosle, epíteto, que será lo que marque la diferencia. La única característica en común que tienen todos los movimientos feministas sería la toma de conciencia por parte de la mujer de la opresión padecida, todo lo demás varía, como veremos a continuación:


El movimiento anarquista tiene como objetivo primordial la consecución de un espacio de relaciones entre iguales, la destrucción del poder ilegítimo, la subordinación y la opresión en todas sus formas y la consecución de una sociedad sin clases donde la solidaridad, la igualdad, la libertad, el apoyo mutuo y, por tanto, la felicidad sean las características propias de la futura sociedad libertaria. La consecución de la an-arquía.

En este sentido y concretamente en la búsqueda de una sociedad no jerárquica y sin relaciones de poder (opresor/a – oprimido/a) es donde tiene su razón de ser un movimiento feminista de mujeres anarquistas: el anarcofeminismo.

El anarcofeminismo se arroga a luchar contra la subordinación y opresión de las mujeres en todos los ámbitos de la vida (económicos, sociales, familiares) y promueve la búsqueda de espacios de relaciones no jerárquica, tanto entre sexos como entre individuos.

El horizonte es la equidad social entre sexos, el enemigo el Patriarcado -en cuanto opresión, poder y control social estructurales- en el cual las mujeres son las principales afectadas; el enemigo es la sociedad jerárquica y autoritaria, por ende.

Los patrones que definen y conforman la(s) figura(s) de autoridad se fundamentan y perpetúan en el contexto de la sociedad patriarcal; en la que el poder, la autoridad, la dominación, la agresividad, la competición, etc., son rasgos asociados a lo masculino y altamente valorados en sociedades autoritarias. Lo femenino, vinculado a valores no autoritarios –cooperación, empatía, sensibilidad, etc.-, es devaluado.

La esfera de lo público (la cultura en último término) ha sido reservada al hombre; la esfera de lo privado (la familia, el cuidado de la progenie, lo asociado a la naturaleza por tanto) a la mujer. El papel adjudicado a las mujeres, tradicionalmente, ha propiciado que el ser protagonistas, tomar la palabra, decir lo que se piensa y tener seguridad en una misma sea difícil de conseguir en un sentido pleno.

Romper con los paradigmas femenino y masculino, conseguir un marco de convivencia equivalente en que ser hombre o ser mujer no importe a efectos prácticos, pasa por conseguir la desestratificación de la sociedad, sin géneros y sin clases, las dos construcciones sociales por antonomasia.

La emancipación de las clases oprimidas, la destrucción de la sociedad de clases ha de venir de la mano de la emancipación del género oprimido y de la destrucción de los géneros en cuanto categoría social.

Pero, se preguntaran algunos/as, ¿por qué crear una organización exclusiva de mujeres dentro del movimiento anarquista?

La opresión específica sufrida por las mujeres, tanto dentro del movimiento como fuera de él, debido a los vicios arraigados en las relaciones sociales por milenios de Patriarcado, hace que un movimiento específico de emancipación femenina sea necesario. La emancipación de las mujeres ha de ser obra de las mujeres mismas o no será. El principio de la acción directa y la autogestión priman en las luchas anarquistas y han de ser la premisa en que se sustente la Revolución Social que tanto ansiamos: estos dos pilares del anarquismo son, en el caso del anarcofeminismo, los que reafirman la idoneidad de un movimiento de emancipación exclusivo de mujeres por ser éstas las afectadas primeras de la opresión y subordinación por cuestiones de sexo. Y es importante esta lucha porque, sin la desaparición de todos los tipos de opresión existentes (económicos, sociales, clasistas, sexistas...) la futura revolución o no llegará o de hacerlo lo hará lastrada, con vicios autoritarios en sí.

¿Qué papel jugarían en este sentido los hombres? Para ellos quedaría la concienciación y revisión de sus propias atuaciones, además del necesario análisis sobre cómo el patriarcado afecta y condiciona sus actitudes (cuestionamiento del tradicional "yo-masculino"). El poder corrompe y hace que uno se acomode a según que privilegios, y muchos hombres se encuentran con la dificultad de identificar la explotación específica de la mujer como tal: como explotación negativa que ha de ser eliminada. El camino ha de andarse juntos, pero sin la actuación protagonista de las mujeres en este terreno será difícil acabar con una explotación que se lleva ejerciendo desde la noche de los tiempos y que se ha normalizado de tal manera que, o se señala, se evidencia y se acaba con ella, o se perpetuará como ha venido ocurriendo.

El patriarcado ha sido identificado como un arquetipo de sociedad: autoritaria, jerárquica, competitiva... Es la representación estructural de la sociedad autoritaria por antonomasia. Y la sufrimos todos/as, hombres y mujeres. Empero, la principal victimizada históricamente ha sido la mujer, junto con niños y ancianos. Los movimientos feministas, en algunos casos, se han dado cuenta de que –sin haberlo acordado- han llegado a formas de organización no jerárquicas, sin relaciones de autoridad, en donde la individualidad de cada cual es respetada al máximo así como sus opiniones y acciones. El nexo entre anarquismo y feminismo está ahí y ha sido puesto de relieve en muchas ocasiones.

Por ello, la conformación de personalidades autónomas es el antídoto para esta sociedad jerárquica y autoritaria. La potenciación de está característica –la autonomía- que subvierte los roles de aceptación de la sumisión, de la explotación y de la subordinación e inocula el germen de la rebelión en la sociedad establecida, es inherente a los movimientos genuinamente emancipadores, por tanto es consustancial al anarcofeminismo.

El "feminismo clásico" (y derivados) no es revolucionario: era sufragista en un primer momento, y reformista y legalista en la actualidad. El anarcofeminismo sí es revolucionario: es la extensión de la lucha por la emancipación llevada a cabo por los anarquistas, aplicada al ámbito de las relaciones humanas mediatizadas por la sexualidad. No consiste en sustituir un poder por otro poder (encumbrar generalas donde había generales, ejecutivas donde encontrábamos ejecutivos, presidentas donde presidentes...), se trata de colectivizar el poder. Se engloba por tanto en el ideario libertario: una sociedad de hombres y mujeres libres conviviendo y tomando decisiones en condiciones de igualdad.

Las cuotas de poder, las reformas legales, la paridad en cargos públicos, etc., no importan al movimiento anarquista de mujeres, como es obvio. Tendrá su repercusión en sus vidas, no lo ponemos en duda. Pero eso es cosa del feminismo oficial.

El anarcofeminismo desempeña su acción en lo cotidiano, y de ahí al infinito y más allá. Cambiando mentalidades, combatiendo convencionalismos, luchando por la equivalencia entre sexos. Cambiando leyes poco se va a conseguir: cambiando mentes y acitudes, las leyes serán innecesarias. Cambiemos el sistema en sí y las mentes que lo sustentan. He ahí el cometido.

Representantes del anarcofeminismo son: Nelly Roussell, Emma Goldman, Peggy Kornegger.

En España: Teresa Mañé, Federica Montseny, Teresa Claramunt, Sara Berenguer y aquellas que participaron en la realización de la revista Mujeres Libres (Lucía Sánchez Saornil y su hermana Concha, Amparo Poch, Mercedes Comaposada, Lola Iturbe, Trini Urién, Mª Luisa Cobos, Josefa Tena y más, más, más...) aún sin declararse estrictamente anarcofeministas.


Otros feminismos...

Feminismo burgués.

Se origina en la revolución burguesa, primero de Francia y más tarde de los demás países. Está llevado por mujeres de la clase burguesa y aristocrática o de su mentalidad. Es reformista y no revolucionario. Se conforma con conseguir para las mujeres las mismas oportunidades que los hombres sin custionarse el modelo socioeconómico vigente. Creen que cuando todas las mujeres trabajen como los hombres y en los Parlamentos el porcentaje de diputados esté al 50 % (como es la proporción de hombres y mujeres en la sociedad) las cosas marcharán bien. No se plantean las diferencias de clase, ni el imperialismo, ni el modo de producción capitalista.
Representantes en España: Suceso Luengo, Concepción Arenal, Emilia Pardo Bazán.

Feminismo sufragista.

Ya no existe pues salvo algunos pocos países las mujeres tienen el voto en prácticamente todo el mundo. Fue una forma de feminismo burgués puesto que se concentró en la lucha por el voto como si el voto y el sistema parlamentario occidental fuesen la solución definitiva a los problemas del mundo.
Algunas de sus representantes: Susan Brownell Anthony, Lucrecia Mott, Emmeline Goulden Pankhrust, Elisabeth Cady Stanton, Lucy Stone.
En España algunas de las mujeres que reivindicaron el voto femenino fueron: Concepción Arenal, Clara Campoamor, Margarita Nelken

Feminismo católico.

Las mujeres católicas han solido organizarse en sus propias asociaciones, independientes de las demás. Han solicitado siempre el derecho a la educación de la mujer, aunque básicamente para que sea mejor madre de sus hijos. Han solicitado también la igualdad de salario. Han denunciado la prostitución como un atentado a la moral pública pero sin plantearse el origen de la misma. Luchan por una mayor consideración de la mujer pero sin apartarla del hogar y la familia como principales centros de realización. Incluso las más progresistas, retenidas por su deber de obediencia al Sumo Pontífice, no pueden suscribir documentos conjuntos con otros grupos feministas debido a obstáculos como el divorcio, los anticonceptivos y la interrupción voluntaria del embarazo. Luchan por su derecho a asistir a los Concilios, por el derecho a ser ordenadas sacerdote, y por una mejora del status de las monjas.

Feminismo socialista.

Es el de aquellas mujeres que militando en partidos socialistas o comunistas lo hacen a su vez en alguna organización feminista (doble militancia) o se organizan dentro de su propio partido y para cuestiones específicamente femeninas, separadas de los hombres, a los que llevan luego sus conclusiones para que el partido las asuma. Suelen dar prioridad a la lucha de clases tradicional y critican a las independientes por considerar que la división de fuerzas en el seno del feminismo actúa en favor del capitalismo y retrasa los objetivos socialistas. Ven a las mujeres burguesas como enemigas de clase y se centran en los derechos de las trabajadoras.
Mujeres representativas de este movimiento declarándose feministas o no fueron: Flora Tristán, Rosa Luxemburgo, Clara Zetkin, Alexandra Kollontai, Dolores Ibárruri

Feminismo radical.

El feminismo radical considera la lucha socialista condición necesaria pero no suficiente para el establecimiento de una sociedad en la que las mujeres sean libres. El socialismo se supone que no incluye el feminismo, mientras que el feminismo sí puede contener al socialismo. El feminismo radical piensa que las mujeres han de organizarse solas, sin hombres, pues la lucha va dirigida contra las instituciones del patriarcado que ellos representan. Se acepta la participación paralela de varones antipatriarcales.

Feminismo homosexual.

Es la organización feminista de las mujeres lesbianas las cuales luchan básicamente por el derecho a una vida privada y una sexualidad sin ingerencias del Estado y la autoridad, pero que asumen también los demás puntos de las feministas radicales. A veces entran en conflicto con ellas a causa de temas tales como el divorcio y el aborto que como homosexuales no les afectan. Las lesbianas empezaron a agruparse como feministas en Estados Unidos.

Feminismo de la diferencia.

Es una corriente del feminismo que tiene pocos años de existencia. Data de 1978. A los razonamientos de "igualdad" entre los sexos en que se apoyan socialistas y radicales, las de la diferencia reivindican simultáneamente aquellas cualidades femeninas que piensan pueden ser congénitamente propias de la mujer, tales como la sensibilidad, la intuición, una menor agresividad, etc. Hay un temor a que la mera igualdad política y laboral con el hombre no haga sino que las mujeres se parezcan cada vez más a los varones en competitividad, insensibilidad y espíritu de agresión, con lo que aquéllos acabarían ganando la partida. Las feministas radicales o socialistas temen en cambio que una exaltación de los valores supuestamente "femeninos", pero impuestos culturalmente a la mujer para su alienación, pudieran relegarla de nuevo a las tareas y roles tradicionales. Actualmente el término ha quedado relegado, pero en cambio las feministas tienen más claro que el concepto de "igualdad entre los sexos" no pasa necesariamente por la imitación.

Victoria Sendón de León, Luce Irigaray y Antoinette Fouque serían algunas de sus representantes.

Para saber más sobre este tipo de feminismo leer:
http://www.nodo50.org/mujeresred/victor ... encia.html

Tanto el feminismo radical como el homosexual y el de la diferencia quedan incluidos dentro de la denominación más amplia de feminismo independiente, el cual puede diversificarse incluso en más corrientes, ya que las sutilezas de opinión pueden llegar a ser extremas.

El feminismo como partido.

Es una manifestación del feminismo radical que se estructura en forma de partido para poder entrar en liza con los demás y optar a la conquista del poder político, en este caso el poder para las mujeres. Sus militantes son mujeres exclusivamente, aunque pueden hacer alianzas políticas con partidos mixtos.

El feminismo es algo más que un partido como es algo más que la sola lucha anticapitalista. Es el paso de las mujeres del ser en sí al ser para sí, es su entrada en la Historia como sujeto de la misma, viene a dar una alternativa a la sociedad patriarcal, es la revolución total.

El feminismo vindica el lugar de la mujer tanto desde el reconocimiento de lo que pueda haber de diferente entre los individuos de uno a otro sexo, como desde la igualdad en derechos de dignidad humana.

Feminismo oficial.

Es aquella parte de la lucha por la liberación de la mujer que han tomado bajo su control y autoridad las fuerzas políticas dominantes.

El feminismo oficial no puede ser considerado feminismo en tanto que sólo es una forma restringida de intento de canalización de los verdaderos derechos y necesidades de las mujeres, desde una ratificación total de la sociedad existente y sin poner en cuestión ninguno de los sillares en que se sustenta. Sin olvidar la realidad de algunas mejoras concretas aunque esporádicas, la actividad para la no-Discriminación de la Mujer confirma al hombre en su lugar superior e intenta que la mujer se le eleve a su mismo nivel, es decir, sobrevalora y alienta las características tradicionalmente masculinas (competitividad, agresividad, dominación...) asegurandose así el mantenimiento del sistema vigente. Es absolutamente legalista, centrando toda su acción en reformas legales sin ahondar en el verdadero origen de las desigualdades.

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0 El Derecho a Elegir

♀ Sexo cuando deseo, embarazo cuando decido.
♀ Las ricas abortan, las pobres se mueren.
♀ Anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir"
♀ Sexo si, Sexo no…eso lo decido yo
♀ Iglesia Basura eres la dictadura
♀ Mujeres prohibido menstruar, es abortivo.
♀ No a la nueva inquisición.
♀ UDI repartirá cilicios para no abortar.
♀ Iglesia cambia T de cobre por cilicios
♀ Acuerdate al votar, a la derecha hay que abortar.
♀ Las monjas abortan cuando los curas las violan.
♀ Un UDI pajero, aborta un planeta entero.
♀ Derecha mamona, no te metas con mis hormonas.
♀ Sean o no abortivos…son nuestros los anticonceptivos

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0 La economía feminista se moviliza

Las perspectivas de las economistas subrayan las múltiples facetas de la recesión



En abril se celebró en Baeza el III Congreso de Economía Feminista. Distintos estudios con perspectiva de género incidieron en la necesidad de articular una alternativa radical al liberalismo.

¿Qué es la ‘economía feminista’? Cada vez más autoras reivindican la perspectiva de las mujeres, los cuidados y las lógicas cooperativas para renovar los análisis y ponerlos al servicio del bienestar de las personas. Como aseguró la profesora de Teoría Económica de la Universidad de Barcelona, Cristina Carrasco: “No queremos la igualación de las mujeres al modelo masculino. Para nosotras la igualdad es la consecución del bienestar de mujeres y hombres como personas diversas e interrelacionadas”.

Según se reflejó en las jornadas, la economía feminista trata de combatir el reduccionismo del pensamiento económico dominante, que invisibiliza y margina, mediante confusión entre valor y precio, toda actividad realizada sin la vara de medir del Estado y el mercado. Frente a esta perspectiva (neo)clásica de la economía, se impulsan nuevos conceptos y estudios con perspectiva de género, revalorizando las diversas tareas reproductivas, de atención y cuidados, que han sido históricamente asumidas por mujeres. Además, en el actual contexto, estas tareas corren mayor riesgo de padecer los ajustes de la crisis y ser, por tanto, crecientemente desatendidas y precarizadas. Para Amaia Pérez Orozco, doctora en Economía y del grupo Precarias a la Deriva, se avecina tormenta con la crisis de la ‘cuidadanía’.

Desbrozando la crisis

En las mesas redondas y áreas temáticas se trataron cuestiones como la “crisis de los cuidados”, o los distintos tiempos, trabajos y su relación con el género en el contexto de la crisis global. También hubo espacio para plantear la necesidad de presupuestos con enfoque de género y estrategias de igualdad en las políticas públicas, o aspectos como el desarrollo, las migraciones y los indicadores alternativos para la medición del bienestar. Se enfatizó el androcentrismo de la crisis, dado que las mujeres están excluidas de la política-económica mundial, y participan en menor grado en los sectores que la han generado, aunque sí están presentes, en mayor medida, en el padecimiento de sus consecuencias.

Mertxe Larrañaga, profesora de la Universidad del País Vasco, destacó la persistencia de una mayor tasa de desempleo y precariedad femenina (temporalidad, empleo parcial...) y predijo una crisis que evolucione en forma de “L” y no de “V”, es decir, que la recuperación del paradigma neoliberal nunca será completa. Asimismo se plantearon medidas paliativas como una redistribución de recursos de arriba hacia abajo, con tipos de salarios máximos, o el establecimiento de un salario mínimo global. También se presentaron conceptos como el “acantilado de cristal” (es decir, la contratación de mujeres en cargos de alta dirección en momentos de inestabilidad económica), la sostenibilidad de la vida o la cadena global de cuidados, esbozando el rol que la sociedad civil puede tener en la recomposición de nuevos esquemas de provisión de bienestar y autonomía (mediante la creación de bancos de tiempo o cooperativas integrales, por ejemplo). Los análisis coincidieron en la degradación del sistema, que hace necesaria una transformación radical del orden económico y social imperante.

En Baeza se consensuó un documento de conclusiones cuyo texto íntegro puede consultarse en la página www.economiacritica.net. Éste constata que el crac económico y financiero se superpone a otras crisis como la del cuidado, la ecológica, la del modelo económico y de desarrollo, “así como la moral y ética”. También destaca que la crisis ataca las condiciones de vida de las personas “y sobre todo de los sectores más vulnerables de la población, en los que se incluyen las mujeres”. Se responsabiliza de la coyuntura a las élites financieras y empresariales, y no se olvida de la beligerancia de los gobiernos en la imposición de políticas neoliberales, “siguiendo los postulados de la economía ortodoxa, patriarcal y de fundamentalismo de mercado”. Por otra parte, se plantea la oportunidad de establecer nuevas formas de producción y consumo, y de reorganizar las estructuras y relaciones del cuidado, estableciendo un reparto equitativo entre mujeres y hombres del trabajo remunerado y no remunerado. Finalmente, en el texto se exige “incluir una perspectiva feminista en los planes de estudio e investigación, así como en la política económica y en las medidas anticrisis que se están diseñando”.

ALTERNATIVAS

Baeza, centro de la economía

El III Congreso de Economía Feminista se celebró los días 2 y 3 de abril en el Centro de Formación Feminista Carmen de Burgos, de Baeza (Jaén). Esta red de profesoras, investigadoras, estudiantes y militantes feministas se organizan en torno al Área de Economía Feminista de las Jornadas de Economía Crítica. Acudieron plataformas como ‘Por un impacto de género en los presupuestos’, que encontraron el marco idóneo para difundir sus propuestas. La edición de 2010 se celebrará en Zaragoza.



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0 Tras la libertad y mejores sueldos

Dificultades para encontrar empleo, bajos sueldos, la rigidez de las jornadas y la desconfianza que sienten hacia salas cunas y jardines infantiles figuran entre los principales factores que impiden el ingreso de más chilenas al mercado laboral, según el Barómetro Mujer y Trabajo 2009.

Tanto factores culturales como aspectos asociados a la estructura del mercado del trabajo están frenando el aumento de la participación laboral de las mujeres en Chile, resumió para IPS Verónica Flores, directora de estudios de ComunidadMujer, una organización privada sin fines de lucro.

Esta es la principal conclusión del segundo Barómetro Mujer y Trabajo 2009, elaborado por esta institución en conjunto con la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y la empresa de encuestas DataVoz, que fue divulgado este jueves en un seminario en Santiago.

El estudio se basó en una encuesta realizada a 1.100 mujeres de la región Metropolitana de Santiago, de entre 18 y 60 años, sin actividad laboral remunerada en los últimos tres meses, que fueron seleccionadas de manera aleatoria.

Chile es uno de los países de América Latina con la tasa de participación laboral femenina más baja, cercana a 40 por ciento.

Del total de mujeres entrevistadas, 78 por ciento dijeron haber trabajado al menos una vez en su vida remuneradamente y casi 70 por ciento aseguraron querer reinsertarse en el mercado laboral, pero que "no pueden hacerlo" por diferentes razones. Sólo un tercio de ellas reconocieron que no trabajan porque "no quieren".

Los principales obstáculos esgrimidos están asociados a la maternidad: 63 por ciento de las mujeres consultas sostuvieron que no están dispuestas a dejar el cuidado de sus hijos e hijas a otra persona o institución, mientras que 60 por ciento plantearon que no tienen quién los cuide.

Sesenta y dos por ciento de las mujeres que no laboran por atender a sus hijos creen que éstos están mejor con su madre que con cualquier otra persona y, en caso de trabajar, 52 por ciento prefieren que los atienda un familiar cercano.

Estos resultados, según Flores y otros expertos que comentaron el estudio, revelan desconocimiento por parte de algunas mujeres sobre la existencia de una oferta pública y gratuita de salas cunas o jardines infantiles en todo el país y cierta desconfianza hacia la idoneidad de estas instituciones.

Este desconocimiento se hace patente cuando se les pide a las mujeres que sí han utilizado estos servicios que los evalúen: la gran mayoría le pone las notas más altas.

Por ello, los expertos llamaron al gobierno a mejorar la información sobre estas instituciones, considerando especialmente que la presidenta Michelle Bachelet cuadriplicó su número durante los tres primeros años de mandato. Hoy son 3.500.

Por otra parte, Harald Beyer, economista del Centro de Estudios Públicos (CEP), sugirió estudiar la forma de combinar de mejor manera el postnatal con la labor de las salas cunas y jardines infantiles.

Un idea que se ha venido discutiendo hace tiempo en Chile es la posibilidad de alargar el periodo postnatal de los actuales 84 días hasta los seis meses.

Hay otras razones estructurales y culturales que también frenan la incorporación de las mujeres al mercado laboral.

Sesenta y uno por ciento de las entrevistadas señalaron que "la posibilidad de encontrar trabajo es baja", 51 por ciento sostuvieron que "no les conviene trabajar" porque los sueldos son muy bajos, 42 por ciento plantearon que "no tienen quién realice las tareas domésticas" y 40 por ciento declararon no trabajar porque "les gusta la libertad de la vida en la casa".

Por otra parte, 25 por ciento de las mujeres que participaron en el sondeo declararon que su "pareja o marido se pone celoso o no le gusta que trabaje", 17 por ciento que tienen "enfermedades o problemas físicos que se lo impiden" y nueve por ciento que están al cuidado de padres u otros familiares.

Al ser consultadas por cuáles serían los factores más efectivos para facilitar su inserción en el mercado laboral, 48 por ciento de las mujeres apuntaron a un mejoramiento del sueldo y 43 por ciento a una mayor disponibilidad de trabajos flexibles.

Más abajo en la escala de prioridades figuran el hecho de "contar con el apoyo de la pareja o marido", con 29 por ciento, "extender o crear programas de apoyo al trabajo remunerado, como capacitación", 26 por ciento, "y una mejor información de empleos disponibles", con 23 por ciento.

La capacitación y la intermediación laboral son aspectos susceptibles de mejorar con políticas públicas, plantearon los expertos, puesto que el mercado chileno suele "premiar" a las personas con mayor calificación, explicaron.

Entre las razones por las que dejaron su último trabajo, 17 por ciento de las mujeres entrevistadas mencionaron que fueron despedidas, 12 por ciento que estaban cansadas de trabajar y además encargarse de las labores domésticas, 11 por ciento que no estaban conformes con la manera en que estaban cuidando a sus hijos e hijas y 10 por ciento porque sus parejas estaban celosas o consideraban que habían descuidado las labores del hogar.

Otra información relevante que entrega el Barómetro es la relación con el monto por el cual las mujeres estarían dispuestas a salir a trabajar.

Cerca de 60 por ciento de las entrevistadas aspiran a un monto mensual que va entre 160.000 (274 dólares) y 300.000 pesos (514 dólares). En promedio pretenden obtener 253.000 pesos mensuales (433 dólares) por una jornada laboral de ocho horas.

Para Flores, esto demuestra que un subsidio estatal a la contratación de mano de obra femenina, como el que se creó este año para jóvenes, podría ser muy efectivo.

Pero esto fue descartado en el corto plazo por la ministra del Trabajo, Claudia Serrano, quien participó en el seminario de este jueves, puesto que aún se debe evaluar el funcionamiento del primero.

En el parlamento también avanza un proyecto de ley sobre brecha salarial, que establece que hombres y mujeres deben recibir el mismo sueldo a igual función.

Finalmente, 82 por ciento de las consultadas señalaron que se sintieron "satisfechas" o "muy satisfechas" durante el periodo en que trabajaron. La mayoría de ellas también piensan que la mujer que trabaja es más independiente e interesante como persona.

Pero la tensión cultural está siempre presente: 64 por ciento cree que es probable que un niño en edad preescolar sufra si su madre trabaja.



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